080.- Cine Club EL NORTE DE CASTILLA y Ciudadano Kane (1966 – 1977)
Ya se ha dicho muchas veces y en muchos sitios que nuestra ciudad, además de ser una de las primeras en conocer el invento del “cinematógrafo”, ha tenido de siempre mucha afición e interés por él. Además de lo “entretenido” y llamativo que pueda ser, lo cierto es que las modas pasan y nuevas formas e instrumentos de divertirse han ido desfilando a lo largo del tiempo. El cine se ha ido manteniendo al menos una centuria y tres décadas (aunque siendo honestos, ahora mismo no está en uno de sus mejores momentos), y eso no es fácil de conseguir.
Casi desde sus inicios, hubo personas, pensadores, intelectuales, críticos, etc., que consideraron el cine como un nuevo arte, una nueva forma de expresión cultural que precisaba entenderse, en primer lugar, y después analizarse y discutirse para sacar de él el máximo provecho, como se hace con la literatura, la pintura, el teatro, el arte gráfico, etc. Surgen entonces los Cine Clubs y los Cine Fórums, además de revistas y medios especializados, entre otros, para orientar y enseñar al espectador sobre lo que desfila por la pantalla, sus argumentos e implicaciones culturales y sociales, y también para acceder a producciones que por la razón que sea no se estrenan en las salas comerciales y no son fáciles de localizar.
Ya hemos hablado en este blog alguna vez de ellos (por ejemplo, el actual Cine Club Casablanca, los ciclos de la Filmoteca de Caja España, o las colaboraciones de la Filmoteca Nacional en el desaparecido Teatro Valladolid), pero hubo muchos más, algunos de larga trayectoria, otros más breves, pero todos merecedores de ser recordados, ya que han contribuido a mantener esto que, un tanto pedantemente llamamos, cinefilia.
El primer cine club que hubo en Valladolid, a día de hoy (pueden aparecer datos o informaciones de alguno anterior en cualquier momento), data de 1950. Precisamente una página dentro de la web del Cine Club Casablanca nos detalla cómo fue y en qué consistió.
En esta reseña vamos a recordar otro de ellos, surgido hace sesenta años, como iniciativa del decano de la prensa española, el diario EL NORTE DE CASTILLA.
Pasión por la cultura
El que haya seguido un poco la trayectoria de EL NORTE DE CASTILLA, recordará que a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado, el diario registra una serie de cambios, tanto en su formato (junto a la modernización de las máquinas) como de análisis y visión más crítica de la sociedad (en ello tiene mucho que ver la incorporación de escritores, periodistas e intelectuales nuevos a la redacción). En 1958 se nombra director del periódico al escritor MIGUEL DELIBES que, dejando a un lado los diferentes conflictos que tuvo que capear con la censura, trata de impulsar y reforzar la dimensión cultural del diario. Así, pone en marcha varios suplementos, nuevas secciones, y propone la puesta en marcha de una Sala Cultural, con actividades diversas relacionadas con la literatura, y, por supuesto, con el cine, al que como sabemos era un gran aficionado. Surge entonces la idea del Cine Club EL NORTE DE CASTILLA.
Tal y como nos indican las páginas del propio periódico, el objeto original para poner en marcha esta iniciativa fue la difusión y el estudio del arte y la cultura cinematográfica. A lo largo de su existencia programó películas y ciclos de autores prestigiosos de todas las épocas del cine y de las más destacadas cinematografías, algunas muy desconocidas para el público español, como las de países de Europa Oriental o de Brasil, por citar dos ejemplos. El Cine Club proyectó bastantes películas que nunca se habían visto en Valladolid (ni se volverían a ver) e incluso algunas inéditas en España.
Tuvo algunos altibajos, fundamentalmente por las limitaciones en la selección de títulos. No era sencillo en aquellos años poder acceder a todo lo que se quería, y en ocasiones, el precio de su contratación, el disponer de versiones al menos subtituladas, eran importantes dificultades que no se podían muchas veces resolver. En aquellos años, la localización de las películas se realizaba por dos vías básicamente: la Federación Española de Cine Clubs y las distribuidoras. La Federación estaba muy vigilada por la censura del gobierno, y manejaba un presupuesto muy pequeño. Disponía de una serie de títulos que iban pasando por todos los cine clubs pertenecientes a dicha Federación, y adquiría muy pocas novedades. Contaba con el apoyo de la Filmoteca Nacional y de algunas embajadas. Las distribuidoras por su parte estaban supeditadas al éxito comercial de las películas. Si una película se estaba exhibiendo por las salas de cine, o se esperaba un reestreno, a las distribuidoras no les interesaba alquilárselo a los cine clubs puesto que quitaba espectadores para sus posteriores exhibiciones comerciales. Los precios del alquiler que ponían las distribuidoras también podían variar de acuerdo con sus intereses.
Ni que decir tiene que contactar con Federaciones o distribuidoras extranjeras era poco menos que imposible. Aun así, el Cine Club EL NORTE DE CASTILLA consiguió traer a la ciudad filmografías de autores muy relevantes y en muchos casos completamente desconocidos para el espectador aficionado (por ejemplo MIKLÓS JANCSÓ, SÁNDOR SÁRA, ISTVÁN GAÁL, entre otros).
El 2 de mayo de 1965 se publica la convocatoria para darse de alta como socio al Cine Club. En principio pretende empezar en octubre de 1965, pero diferentes “problemas” obligaron a retrasar su puesta en marcha. Según la legalidad imperante, para poder ser socio se debía ser mayor de 21 años. La cuota mensual fue de diez pesetas. La inscripción se hacía en la Secretaría de EL NORTE DE CASTILLA adjuntando dos fotos de tamaño carnet, en horario de oficina, de 10 a 2 de la tarde.
No he leído nada sobre las expectativas de las que partieron, pero un problema que apareció prácticamente desde el primer momento fue el aforo de la sala donde se proyectaban las películas (la llamada Sala de Cultura de EL NORTE DE CASTILLA, en la calle Montero Calvo, esquina Duque de la Victoria, donde se realizaban todo tipo de eventos (conferencias, presentaciones de libros, etc.; se entraba por la calle Montero Calvo y se abría quince minutos antes del comienzo). Contaba con unas doscientas localidades (sillas con brazos a los lados y acolchados, pero de una comodidad relativa, no demasiado para películas de dos horas), que no estaba mal, pero el número de espectadores que quisieron asociarse fue con frecuencia bastante mayor que ese número. Obviamente, el número de socios no podía superar el aforo de la sala, y como sucede hoy en día, como no siempre asistían todos los socios, quedaban butacas vacías, lo que provocaba quejas de aquellos que quedaban fuera con interés por entrar. No fueron pocas las ocasiones en las que desde el periódico tuvieron que explicar estas circunstancias ya que a veces fueron acusados de discriminación. Había una lista para nuevos socios, que se iban incorporando por orden cronológico según iban produciéndose bajas y por tanto vacantes.
La periodicidad no estaba fijada. Algunos meses daban varias sesiones, mientras otros ninguna. Se esgrimía para ello el mantenimiento de la calidad, aunque tal y como se ha comentado anteriormente, dependían de la disposición de la película, de las condiciones en que llegara, y de la disponibilidad de la sala, que proponía muchas y variadas actividades (charlas, conferencias, presentaciones de libros, etc.).
Cada curso solía comenzar a finales de octubre, normalmente al hilo del curso universitario, y las películas se proyectaban en una única sesión a las 20.00 horas (fue variando: comenzó a las 19:30, aunque se acabó estabilizándose en las 20.00), en versión original subtitulada. Tampoco el día era fijo: a veces los martes, otras veces los lunes, los jueves, o los viernes.
Complementando la proyección, desde las páginas del propio periódico, se fue haciendo una destacable labor de aporte de datos sobre las películas proyectadas, los realizadores, la escuela o tendencia a la que estaban adscritos, a lo largo de toda la historia del cine. Esas crónicas y críticas las hizo durante varias temporadas JOSÉ ÁNGEL RODERO, crítico de cine –años más tarde sería uno de los guionistas de la popular serie Verano azul–, y posteriormente sería jefe de prensa del primer presidente autonómico de Castilla y León, DEMETRIO MADRID. También estaba al frente del gabinete de Prensa del Ayuntamiento de Valladolid.
A finales de los sesenta y principios de los setenta, los Cine Clubs afrontaron un descenso en el número de socios, consecuencia en parte por la competencia de la aparición de las Salas de Arte y Ensayo, con objetivos didácticos y de difusión muy similares a estas instituciones que además tenían más facilidad para acceder a las películas y lugares de exhibición más grandes y cómodos (además de las ventajas de no tener que asociarte sino ir a películas concretas que les interesen). En nuestra ciudad, el TEATRO ZORRILLA fue la sala a la que “concedieron” (había una legislación que cumplir) la gracia de ser de arte y ensayo. Ya hablaremos sobre su trayectoria en otra entrega.
Ciudadano Kane se estrenó en Valladolid
Es bien sabido la enorme presión que el magnate de la prensa norteamericana WILLIAM RANDOLPH HEARST ejerció para que Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, EE. UU., 1941) no se estrenara en los Estados Unidos, e incluso hizo “gestiones” para destruir tanto las copias que hubiera como los negativos de la película (ya ven, la manipulación de los medios de comunicación no es un fenómeno actual, tiene ya su solera). Logró que muy poca gente la viera (sólo se estrenó en salas pequeñas, y sin publicidad). El estallido de la II Guerra Mundial provocó que no pudiera distribuirse tampoco por Europa hasta 1946. Francia fue el primer país europeo donde se estrenó, quedando sus estudiosos fascinados por su vanguardismo y calidad.
Aunque algunas fuentes indican que el 2 de noviembre de 1946 hubo una proyección privada subtitulada para las altas esferas del Estado español, no hay constancia alguna ni registro hemerográfico en ningún medio de aquellos años, que confirme ese hecho. España vivía el periodo más estricto del aislamiento internacional y de la autarquía. La censura del régimen mantuvo la película completamente vetada por motivos ideológicos y estéticos.
¿Qué mejor inicio para un Cine Club que comenzar con una película inédita para el público en general y que sus organizadores conocían de haberla visto en la Semana de Cine? Así lo expuso VICENTE ANTONIO PINEDA (1932 – 2013), director técnico del Cine Club, crítico y estudioso cinematográfico, gran defensor de lo que hoy llamamos un tanto pomposamente cine de autor, en la presentación del Cine Club, junto a la que sería la filosofía, las próximas proyecciones y la trascendencia de la película de ORSON WELLES dentro de la historia del Cine.
Entre los objetivos que señaló, la propuesta de recuperación de películas pasadas de indudable calidad, de nuevas producciones que por diversos motivos no se proyectaban en salas comerciales, ciclos de cineastas en activo con escasa presencia comercial (mencionó, por ejemplo, el caso del director italiano ALBERTO LATTUADA, cuya filmografía había trabajado a fondo). Además, indicó que el Cine Club EL NORTE DE CASTILLA quería ser anticipo, en la medida de lo posible, de películas relevantes que fueran recomendadas a las salas comerciales para su proyección.
Trayectoria del Cine Club
El Cine Club EL NORTE DE CASTILLA estuvo once temporadas ofreciendo entre doce y catorce películas al año, hasta el martes 3 de mayo de 1977 en que cesó su actividad. En ese periodo ofreció unas 170 películas aproximadamente, muchas inéditas entonces, y una gran parte que nunca jamás se han vuelto a ver en nuestro país, ni se han editado en ningún formato, ni se han pasado por plataforma televisiva alguna. Posiblemente, algunas de ellas sean imposible localizarlas en la actualidad, y es una lástima, porque todas tenían una indiscutible calidad e interés. Ahora el formato DVD ya no tiene el tirón de hace unos años, pero hubiera sido una magnífica colección haber editado algunos de los títulos que pasaron por el Cine Club.
En esos años no faltaron los imprevistos, los tirones de orejas (y quizá algo más) por proyectar películas políticamente inadecuadas, o con contenido excesivamente lascivo para la moral de la época (me puedo imaginar qué dirían cuando proyectaron El manuscrito encontrado en Zaragoza (Rekopis znaleziony w Saragossie, Wojciech Has, Polonia, 1965; VOSE) en febrero de 1967). O cuando teniendo presente a BASILIO MARTÍN PATINO para presentar Nueve cartas a Berta (Basilio Martín Patino, España, 1966), en marzo de 1966, tuvieron que proyectar otra película porque la distribuidora se negó a cederla para el Cine Club.
Sesenta años se cumplen este año de aquella magnífica propuesta. Y me pregunto, y de paso me atrevo a proponer: ¿por qué EL NORTE DE CASTILLA no se anima a redactar y editar un libro, estudio, publicación especial o lo que sea, que recorra con detalle la trayectoria de aquella espléndida experiencia? Tarde van.




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